sábado, setiembre 17, 2005

Bañando a Sammy

ducha2


Si me dices uno..., yo te digo dos.
Si me dices hola..., yo te digo adiós.

Sammy is a boy; no es un niño o ya está dejando de serlo como tampoco es un hombre o ya está empezando a serlo... No estoy poniendo en tela de juicio su sexualidad ¿eh?, ¡nó que báh! (él, sería el primero en protestar) Simplemente, estoy tratando de describir con palabras el momento en que se encuentra: ¿Pré-púber, puede ser? Sí, creo que sí. Sammy se encuentra a un par de pasos de la pubescencia sino está dando ya los primeros dentro de ella...

Un leve y gracioso vello -como pelusas- aparecen sobre sus belfos (dije belfos o labios y no h..., ¿eh?). Su voz, chillona y aguda, se ha tornado, ahora, algo grave y con falsetes inesperados que, ciertamente, le incomodan pero que oculta, deportivamente, tras una oportuna carraspera.

Creo que ya tiene novia; no me consta pero lo intuyo. Han pasado un par de meses desde que se mudó a casa y en éste corto periodo ha experimentado cambios dramáticos y notables...

Era el pan de cada día escuchar las quejas de Marita con respecto al estado calamitoso en que dejaba su uniforme tras regresar del colegio. Le tocara hacer deportes o no, eran infaltables sus encuentros de fútbol durante el recreo y después de clases. Estudia de tarde y con su nueva afición, aparecía por casa pasadas las ocho de la noche o un poquitín más...

La que tenía que tragar sapos verdes era Marita remendando sus pantalones y tratando de lavar esas camisas con manchitas "indelebles" a la altura del cuello. Papá y Laura llegan a casa muy tarde por lo que Marita me hacía testigo obligada de sus frustraciones y molestias. Yo, prefería no abordar a Sammy, pues, era muy hábil para expectorarme por la tangente. Yo hablaba una cosa y él me salía con otra... Ya no jugaba Gunbound por las noches; cogía algo de la cocina (para comer, desde luego) dejaba su uniforme regado en el cuarto del lavado y se iba a dormir sin darse un baño. Al día siguiente tenía que madrugar para jugar al dichoso gunbound y si le daba tiempo hacer la tarea y bañarse, en ese orden.

Marita le recordaba cada día: "Báñate Sammy... Ya no eres un niño" y él con la boca llena contestaba algo inaudible pero que sonaba a grosería o simplemente le decía: "No tengo tiempo, voy a llegar tarde, "después" me baño". Medidas drásticas se hacía necesarias pero no era Marita la indicada para aplicarlas... La gota que rebalsó el vaso, ante tanta inmundicia, fue encontrar una esquela o nota entre los cuadernos de Sammy, firmada por su tutora, que ponía en evidencia de manera discreta la falta de aseo de Sammy y el descuido de sus apoderados. Éste último punto, recaía sobre mis hombros, pues, en gran medida, yo, era responsable de la estadía de Sammy en casa. Tuve que pedir permiso en la oficina un par de veces en la semana para ir casa y certificar in situ que el niño fuera a la ducha como Dios y las buenas costunbres mandan. Apenas, yo, oía el chisporroteo de la ducha regresaba, sin demoras, a la oficina; confiando en Sammy. Sin embargo, un llamado telefónico desde la escuela, en un tono más severo, exacerbó mis ánimos.

Hablé con Sammy. Pareció entender o disimuló muy bien, en todo caso. Cuando lo traje a casa sabía muy de sus obligaciones: A pesar de quedar sólo en casa, obviamente con Marita, tenía que hacer su habitación, sus tareas del colegio y bañarse. Ya no quería oir más quejas de Marita y mucho menos llamados de atención desde el colegio. El discursillo que me gasté no surtió efecto, así es que me vi forzada a optar por un "plan de emergencia".

De manera imprevista llegué a casa, a media mañana, y cogiéndolo de las orejas lo saqué de enfrente el monitor y lo conduje, sin escuchar sus protestas, hasta el baño:

- ¡¿Te bañas o te baño?!
- !Me baño y cierra la puerta cuando te vayas!

El sonido de gotitas salpicando, por quién sabe dónde, no era garantía de que Sammy se estuviese bañando, así es que empuje la puerta que, ex-profesamente, dejé junta y entré. Sólo le faltaba llevar un paraguas encima: Estaba fuera del chorro de agua y enjabonando las mayólicas. Apenas me vió, se metió bajo el chorro, que por el gesto que hizo debiese estar re frío, y se cubrió sus partes pudebundas y en su rostro, dibujados, molestia y vergüenza de manera alternados. Pero yo no iba a quedarme mirando cómo se "bañaba" (hasta un gato es más meticuloso con el tema). Me acerqué a él sin chistar y cogí la esponja y se le froté con tanta fuerza por el cuello que terminé por borrarle el mapa de Australia que tenía en él. Tuve que hacer de cartógrafa a la fuerza y desaparecer de la faz de su piel a muchos países y continentes (y malas noticias: Hasta aquí el mapa del Perú aparece desmembrado)... y ¡Éureka!, descubrí debajo de tanta carca, piel, colorada, muy colorada pero piel al fin; nadie se iba morir por algunos ligeros rasponcitos. Le dejé la esponja y el jabón sobre la mano y me retiré.

Cuando salió del baño parecía que se había restregado hasta en la cara por que estaba coloradísimo y con una tonta cara de sorpresa. No me dio tiempo para ir a inspeccionarlo y me mostró su cuello colorado pero limpito, obviamente, a una prudencial distancia. Él sabe muy bien que cuando me enojo..., me enojo.

- ¿Quieres que venga a bañarte, también, mañana?

ducha

1 Comments:

Blogger NEO Dijo...

Hola para contarte que mi blog ya no es "raro" ahora si separé los tópicos y tendrás algo "menos raro" en el segundo blog.

Cuidate, un abrazo y sigue bañando a Samy, cuidado que crecerá.

12:16 a. m., setiembre 18, 2005  

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