martes, setiembre 13, 2005

La "amiga secreta"

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Un amigo, abogado, me dió el siguiente consejo: "Cuando hay deudas de por medio, hay que saber mentir y esconderse...". Particularmente, ni miento ni me escondo, aunque asumo con cierta reticencia mis deudas y no de orden económico...

Cuando te achacan ciertas cualidades, no muy sutilmente y lindando con el insulto, la calumnia, la tergiversación y te lo dicen tan seguido, por más que asumas una postura de tolerancia y de "dar buena cara", tarde o temprano, aquellos dardos ponzoñosos en forma de palabra terminarán hiriéndote; así de simple, así de sencillo. No soy una caradura; soy tan sensible como el más o como el menos.

Cuando la sangre te sube a la cabeza y sientes por las orejas, escapar, vapores, por bien tuyo, cuenta hasta diez O hasta cien o hasta mil. Perdonar 77 veces 7 o 7 veces 77. ¿Pero como pedirle a una chica de 13 años perdonar a su "peor enemiga"? Sólo en sueños o quizá en una pesadilla le daría el "abrazo de la paz".

Ayer, estuve recordando algunos hechos del pasado. Vinieron a mi mente momentos buenos, otros no tanto y algunos sentimientos encontrados... Recordé a la maestra Nelly o Miss Nelly o Nelly "a secas" para nosotras. Era muy joven como para verla con las mismos ojos que lo haríamos con una persona adulta. Había respeto de por medio pero el trato era amical, de tú de tú y en términos coloquiales. Blanquita, con unos hoyuelos que se le formaban al sonreir. Ella dictaba el curso de C.I. Siquiera mencionar la palabrita "dictar" es una temeridad, un simple formulismo; con ella, departíamos en horas de clase, apartándonos de los convencionalismos. Era la única maestra con la que hablábamos a "calzón quitao". Conocía algunos secretillos nuestros y nosotras algunos de ella; por ese lado la cosa estaba pareja; por lo tanto, había confianza. No recuerdo haber escrito más de dos planas en todo el año y a veces pensaba que era una más de nosotras.

Una condiscípula mía era Mónica. Nuestra relación estaba basada en un odio mútuo. Tratar de establecer el origen de nuestras rivalidades y rencillas sería tan oneroso como relatar la historia del mundo y de los pies calientes del principio. Si jugárabamos al juego de las asociaciones y me mencionasen la palabra "odia" la primera imagen que vendría a mi mente sería Mónica (No sé si la recuerda pero Mónica es la misma que la del Debate).

En vísperas de la primavera de aquel año, Nelly no tuvo mejor idea que organizar el "jueguito" de la "Amiga Secreta". No fue un hecho fortuito que a mi me tocara como "amiga secreta" Mónica y viceversa (!Gracias Nelly¡).

Antes que acabara el día, todo el salón de clases estaba enterado de quien era la amiga secreta de quien. Mi caso concitó cierto nivel que se tornó inmanejable. Mañana, tarde y noche me incomodaban con la misma pregunta: ¿Ya elegiste regalo?

A pesar de mi disgusto por lo forzada de la situación tenía que seguir adelante con el juego por medido de Nelly. Me rompía la cabeza, literalmente, pensando qué regalarle. No se ocurría nada bueno, ó, pensándolo bien, muchas cosas malas: Un bozal y una correa combinarían con su genio o una araña peluda con la que haría una buena pareja... Me quitaba el sueño pensar en el día de intercambio de regalos. Si en ese entonces era delgadísima como una aguja les podría asegurar que bajé un par de gramos y me llené de ojeras como un mapache. Los días pasaban y por una cuestión de higiene mental dejé de lado cualquier pensamiento que se relacionara con el tema, aunque muchas se esforzaban en recordármelo cada cinco minutos...

Más por la presión que por ganas, asentí en comprarle un regalo de último momento. A escasas cuadras de la escuela vendían flores y compré una con la intención de entregársela como quien deja una ofrenda sobre una tumba. Una forma nada sutil de decirle que no esperaba nada de ella...

Intercambio de regalos. Mi turno. Con una sonrisa dibujada con lápiz le ofrecí la flor que recibió sin ningún atisbo de sentimiento a saber. Ella me entregó un sobre, pensé que se trataba de una carta personal por lo que no abrí en público y fui directamente a mi pupitre. El resto seguía con detalle cada movimiento nuestro. Nelly seguía adelante con el juego.

No quería abrir el sobre. Odié la forma como Nelly nos puso en evidencia delante de todos. Había cambiado las bases de la "amiga secreta" sólo para nosotras. Picada por la curiosidad abrí el sobre. Encontré dentro una vieja fotografía. En ella, debería de tener los cinco años o más, Mónica también... Eramos realmente muy unidas. Sus cabellos rojizos, su rostro blanquísimo y su sonrisa de entonces me transportaron a un paraíso de recuerdos. Pero, ¿en qué momento se pudrió todo, y, de cuánto era responsable yo?

Sentadas, cada quien en su lugar, apartadas como polos opuestos sólo nos contemplábamos y ahogánse en nuestros labios, un postergado, ¿Por qué?

amor-odio2

2 Comments:

Blogger Lety Dijo...

Hola Beba! tu post me remonto a algo parecido en mi adolescencia, yo deje de hablarme con una amiga con la cual eramos inseparables desde el kinder, en la etapa de la secundaria, en la prepa nos tomamos un odio y asi paso, murio su mama (muy amiga de la mia) fui al velorio esperando hacer las paces y nada.

Pasaron 8 años sin vernos y en marzo de este año, nos encontramos casualmente al doblar la esquina en nuestro pueblo natal (ambas no vivimos ya ahi, pero nuestras familias si)y al vernos, solo nos abrazamos, que cosas no?

Saludos!

5:10 p. m., setiembre 13, 2005  
Blogger Beba Newmann Dijo...

A veces los instintos juegan a favor nuestro...Gracias Lety, por el lindo testimonio.

6:03 p. m., setiembre 13, 2005  

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